115 | LECTURAS / FORO | 12 de noviembre de 2003

Foto de Luis María PescettiConversación abierta con Luis María Pescetti
Invitado especial del foro de Imaginaria y EducaRed

 

Sobre La vida y otros síntomas

Néstor Cessa: Para quienes no conocen el libro "La vida y otros síntomas. Neuróticos online", de Rudy y Luis Pescetti, van un par de datos:

Se trata de una colección de emails que los dos autores se intercambian, en los que al decir de la contratapa se teje "una trama desopilante donde confluyen el colesterol, el paso del tiempo, el psicoanálisis", etc.

Además de tener un gran título, empieza con un nivel de humor excelente. Los autores se burlan de todo y también de sí mismos. El texto parece tener un nivel de espontaneidad que lo hace aún más disfrutable.

Las cosas se complican a medida que uno avanza. Llega un momento en que empiezan a intervenir elementos claramente ficticios en la vida de los narradores. De manera que se entiende la advertencia de la contratapa, que diferencia a "Rudy y Luis Pescetti, los personajes de este libro" de "Rudy y Luis Pescetti, los autores".

El libro, sin bajar la calidad del humor, parece caer en una especie de confusión. Uno no sabe si los autores hablan de sí mismos o de unos personajes que, por casualidad, se llaman igual. Se siente un ligero tono de estafa (lamento la dureza de la palabra; quisiera encontrar otra más suave pero no se me ocurre). El hecho de que la propia contratapa se sienta obligada a aclarar la situación muestra que, tal vez, a los autores se les fueron los personajes de las manos (o viceversa).

Hacia el final, la ficción puede mucho más que la aparente "verdad" de los comienzos, y el libro no resulta tan sólido como uno esperaba. Sin embargo, debo aclarar que terminé con las mandíbulas doloridas de tanto reír.

Tengo varias preguntas, entonces, para el señor Pescetti:

Primero, ¿cómo escribieron el libro? No ha sido seguramente al correr de los mensajes. ¿Hubo un plan predeterminado? ¿Lo hubo pero luego cambió sobre la marcha?

¿Por qué inventaron una familia ficticia para Rudy (que se ocupa de nombrar a su familia real en la dedicatoria)?

¿Piensan reincidir en este género, en el que sin duda son muy eficaces? ¿O volver a trabajar juntos en algún otro proyecto?

Gracias por su atención.


Norya García (Alemania): Me imagino el libro y me dan ganas de llorar por estar tan lejos y sin tiempo para ir a la librería que posiblemente me lo traería, la cual me queda a 45 minutos de aquí.

En fin, me parece pertinente el tema que el Sr. Cessa nos pone en bandeja: ¿cómo lograr verosimilitud aún cuando se aclara que se ha inventado un personaje? ¿Bajo cuáles artificios se logra eso usando el neurotismo de la red? Hay que considerar que es un medio tan espontáneo como una conversación a la hora de cenar después de una fiesta (como solía decir Honoré de Balzac).

En fin, hacer un esquema sin perder espontaneidad y verosimilitud ha de ser un reto, pero también algo fascinantemente divertido.


Luis María Pescetti: Norya: no llores.

Néstor: leí su correo y dudé cómo responderlo. Básicamente, me alegra que haya disfrutado el libro. De lo que pregunta, no nos apartamos del plan porque no lo hubo. Estuvo realmente escrito al calor de las idas y vueltas de correos. Y más no le digo porque luego seguro que usted escribe otro más exitoso con alguien a partir de nuestra receta.

Hay familias reales a las que uno les dedica los libros y ficciones que uno escribe a partir de anécdotas, aumentando, disminuyendo y apartándose. Incluso si uno no hiciera más que decir la verdad todo el tiempo estaría más cerca del terreno de la ficción que de la realidad.

Terminamos otro libro: "Con lo bien que estábamos en casa (relatos de viajes)"


N.C.: Han dado con otro título excelente. Felicitaciones.

Con respecto a la verdad y la ficción, su postura es correcta. También lo es en otro tema del foro, donde escribe sobre su novela "El ciudadano de mis zapatos". Allí hay un personaje que no se llama como usted, que lleva su propia vida y que puede o no coincidir con la biografía del autor. Todo lo cual es lícito, y material básico de la literatura.

Lo que juzgo confuso en "La vida..." es que los personajes se llaman como los autores, por lo que uno cree de inmediato que cuanto dicen es (o debe ser) verdad. No tuvieron un plan previo, pero sobre la marcha, en el momento de descubrir que la vida de los personajes difería de la vida de los autores tal vez debieron cambiarles los nombres. Entonces, si en vez de Luis firmara un tal Santiago, por ejemplo, las cosas estarían más claras.


L.M.P.: Lo que ocurre es que en cada caso que usted señala es diferente la relación entre narrador y autor. En "La vida..." está mucho más cerca del estilo de monologuista, que a Rudy y a mí nos gusta mucho. En él el narrador/actor parece coincidir con el personaje, de una manera mucho más íntima, o si se quiere más "expuesta" en términos de vida personal, y sin embargo no lo es, es ficción: porque elige contarlo, por lo que elige contar, por la distancia que toma, por dónde lo hace y por cómo lo hace, entre otras cosas. Con Rudy conversamos de este tema, y decidimos seguir con nuestros nombres, aunque luego no fuéramos a hacer nuestro diario personal ni mucho menos.

Pero veo que este tema le interesa más que lo que el libro le gustó, así que lo voy a llamar a Rudy, porque entre dos somos más guapos.

¡Rudy! ¡Vení que hay un señor que nos está diciendo cosas!


Rudy (Argentina): Hola, Luis.

Bueno, veo que me has llamado, y por eso acudí, cual genio recién salido de una botella, dispuesto a cumplir tu deseo. En mi caso, como el presupuesto no me daba para disfrazarme de genio, acudo ya no como genio, sino como "coeficiente intelectual promedio" y no tan dispuesto a satisfacer tu deseo, sino solamente a escucharlo, decir "ajá, qué interesante" y recordarte que los deseos siempre remiten a otra cosa, como nos explican los psicoanalistas; o sea que si vos querés que yo le explique a Néstor la diferencia entre los autores y los personajes, en realidad deseás otra cosa que no tengo la menor idea de qué pueda tratarse.

Podríamos decir en todo caso que los personajes se llaman como nosotros porque:

1) Nos gustan nuestros propios nombres.

2) No conocemos otros nombres.

3) Para disimular (nadie creería que un personaje que se llamase igual que yo en realidad me refleja a mí).

4) Porque son un espejo nuestro: Luis en realidad es un espejo mío, y Rudy, uno tuyo. O como dicen Les Luthiers: porque nos reflejan al igual que un espejo, o sea al revés de como somos en realidad.

5) Para que nuestras madres lean el libro y se enorgullezcan diciendo ¡este personaje se llama igual que mi hijo!

En todo caso, los personajes se nos parecen, y con eso no estamos estafando a nadie: más bien los estafaríamos si los personajes no tuvieran nada de nosotros, ni siquiera la autoría, ya que en ese caso serían de otros autores, y allí estaría pues la estafa.

Finalmente, dos cosas: una, en ningún momento me confundo con mi personaje, y, dos, ¿Luis, me convocaste a mí, o a mi personaje?


L.M.P.: Rudy: no sé si tu pregunta me la hacés a mí o a mi personaje (te aclaro que te escribe "mi" personaje; pero no te escribe a vos, sino a tu personaje, y lo hace para interrogarlo sobre vos, no sobre él, o sea tu personaje, porque en la primera respuesta pusiste que nos gustan nuestros propios nombres, y deberías haber puesto nuestros propios nombres propios).

Bueno, vos decime y te contesto. No, perdón, y te contesta. No, y le pido que te conteste. No, tampoco...


N.C.: La idea del monologuista aclara las cosas, y es verdad que el stand-up comedian "miente" descaradamente como parte de su género.

Pero ustedes son dos, así que más que monologuistas parecen dialoguistas...

Y hablando de que son dos, y más precisamente dos contra uno (o cuatro contra uno, si contamos los personajes), creo que yo también voy a pedir ayuda. ¡Miren que mi hermano es bien grandote!

¡Ubaldo, vení por favor!


Ubaldo Cessa: que esta pasando aca?

quien lo molesta al nestitor?

eh?


L.M.P.: Ubaldo, dígale a Néstor que los personajes son intangibles.

Rudy, aprovecho que viniste para preguntarte si ya te diste cuenta que si con Ana siguen tan casados como hasta hoy van a terminar en punto de atracción turística.


R.: Bueno, dado que somos tantos, podríamos organizarnos y, por ejemplo, jugar al truco. Pero al truco común no, que por ahí perdemos. Les propongo Luis, Luis, Néstor, Ubaldo y el otro Rudy, que juguemos al psicotruco. En lugar de envido se canta ¡Culpa! y el otro puede decir "no quiero" o "real culpa" o "falta culpa". Después, las histéricas tiran cualquier carta menos la que querían tirar, los fóbicos no tiran ninguna, y los obsesivos tiran siempre la misma.

Respecto de Ana y yo, es cierto que llevamos veinte años juntos, pero estamos en pocos libros, lo que hace la vida más llevadera.

Por lo de la familia de verdad y la inventada: mi mujer y mi hijo de verdad están basados en mis personajes, y no al revés.


Carlos Marianidis (Argentina): Disculpe, don Rudy... Yo tengo una Flor de Culpa. ¿En qué foro me puedo esconder?


L.M.P.: ¡Contraculpa al resto!



Artículos relacionados:

Autores: Luis María Pescetti

Foro de Imaginaria y EducaRed