175 | LECTURAS | 1 de marzo de 2006

"Escribir tiene que ver con una manera de vivir, de plantarse ante la vida."

Entrevista con la escritora María Cristina Ramos

por Fabiana Margolis

Foto de María Cristina RamosMaría Cristina Ramos es autora de numerosos libros de poesía y narrativa. Su primer libro para chicos, Un sol para tu sombrero (1), publicado por Libros del Quirquincho —con la dirección editorial de Graciela Montes— salió cuando sus hijos eran muy pequeños. "Si bien siempre escribí, comencé a escribir textos para niños durante la primera infancia de mis hijos". Por eso, confiesa, se acostumbró a hacerlo en cualquier lugar, incluso en medio del ruido, ya que gran parte de la historia de su escritura está situada entre el juego de sus hijos.

Ahora, además, está a cargo de otro gran emprendimiento: su editorial Ruedamares, que surgió ante la dificultad de publicar poesía para niños en las editoriales grandes. "Si bien ahora han aparecido libros míos de poesía en Fondo de Cultura Económica de México, y en Anaya de España, hace cuatro años no conseguí que en Argentina aceptaran mi propuesta de un libro muy ilustrado de poesía para pequeños lectores. Así surgió Maíces de silencio (2), editado por nuestra Ruedamares, y esto generó el espacio y el deseo de seguir editando también a otros autores."

—¿Te costó elegir el nombre para la editorial o ya lo tenías pensado de antemano?

—El nombre se nos ocurrió porque pensamos que era bueno apoyarnos en el protagonista del libro Ruedamares, pirata de la mar bravía (3). Por el desafío que en la novela acepta este personaje y porque la impronta de viaje y aventura que tiene su nombre nos parecía auspicioso.

—¿Cómo organizan la selección de las obras para publicar? ¿Cómo considerás que tiene que ser un buen libro para chicos?

—Va más allá del contenido y de lo concerniente a la edición. Existe un delicado equilibrio entre imagen y palabra; hay libros que consiguen ser mucho más que la suma de las partes. La edición es sumamente importante, hay editores que elaboran un libro con delicadeza y sabiduría de orfebre. Hay libros muy buenos en su realidad textual que padecen cierto abandono en la edición. Eso determina una llegada menos eficaz, por supuesto.

María Cristina vive en Neuquén y, si bien considera que vivir en el interior es un privilegio en muchos sentidos, también sabe que la mayor presencia editorial está en Buenos Aires. "Hay que hacer un camino como el del héroe, vencer obstáculos, conjurar tempestades u olvidos, establecer contactos las veces en que venimos".

—¿Cómo influyó tu trabajo como coordinadora de talleres literarios en tu escritura?

—Siempre el contacto con los chicos me moviliza hacia la escritura. Más aún siendo testigo y cómplice de su escritura. Además es bueno ver la relación que los chicos establecen con los libros; es un vínculo personal. Hablo de los libros que les gustan, que dicen algo que resuena especialmente en ellos. Esto hace pensar en la responsabilidad del escritor y en el respeto que merecen los chicos, siempre.

—¿Cuáles son los autores que te apasionan?

—Di Benedetto, Moyano, Tizón, Rulfo, Cortázar, Borges, Carver, Poniatovska, Felisberto Hernández; los poetas españoles de la generación del ’98, Martí, Gelman, Orozco, Rojas, Cadenas, Pacheco, Di Giorgio, Pessoa, e infinitos etcéteras. Ando por la obra de muchos autores y de algunos que, sin tener la dimensión de los grandes, ofrecen pequeños resplandores irreemplazables.

—Tanto en las poesías que has escrito como en tus cuentos y novelas la naturaleza ocupa un lugar especial; basta con ver algunos de los títulos: Un bosque en cada esquina, Del amor nacen los ríos, Azul la cordillera (4). ¿De dónde provienen ese amor a los mares embravecidos, a la calma de los bosques, a las playas llenas de espuma?

—Creo que, como para todo, hay muchas respuestas. Primero, pienso que cuando uno escribe profesionalmente aparecen temas que tienen que ver con la propia vida y con los valores que a uno le transmitieron de alguna manera o que fue construyendo. Yo vengo del sur de Mendoza y tenía muy cerca figuras afectivas que tenían que ver con la tierra. Eso por un lado. Por otro, hay gente que ha estudiado la manifestación estética de algunos artistas en relación con determinadas manifestaciones de la naturaleza. Hay quienes eligen la montaña, hay quienes eligen el mar. En este caso yo, habiendo nacido en un lugar mediterráneo, elijo siempre el mar. Creo que esto se da de una manera inconsciente: yo estoy llena de paisajes marinos y no los viví. Es algo que no puedo explicar; tal vez habría que ver estos estudios que proponen que para cada espíritu creador hay una manifestación de la naturaleza que impacta en él de una manera especial.

No es de extrañar, entonces, que la editorial Ruedamares haya elegido nombres marinos para sus distintas colecciones: Caballo de Mar —colección de poesía dirigida a los primeros lectores— y Pleamar —colección de poesía y narrativa para adultos—. Dentro de esta última colección figura su libro La secreta sílaba del beso (5), un bellísimo volumen de microficciones.

—El tema de la naturaleza también aparece en "Exilio", una de las microficciones que conforman La secreta sílaba del beso. Allí, la irresponsabilidad de un puñado de hombres sin límites ni escrúpulos deja un lugar inhabitable. ¿Escribirías microficciones para chicos o para adolescentes?

—Estoy escribiendo para adolescentes. Además, me han pedido algunos de los textos de las microficciones para incluir en antologías para jóvenes. No es un género tan difundido y a mí me resulta fascinante la posibilidad de desarrollar una historia brevemente, atravesada por muchos sentidos.

En cuanto al tema del exilio, en el libro Cuentos de la buena suerte (6) hay un cuento, "Una vez, un pueblo", que escribí durante la época de fines de la dictadura en que mucha gente se estaba yendo. Y trabajé mucho para incluir el tema del exilio en una historia para niños.

Un sol para tu sombrero es un hermoso libro de poesías. La primera de ellas, "Dedicatoria", dice así: "Este libro está dedicado / con ternura / a los chicos hacedores de diabluras / a los que tienen un lugar secreto / para guardar tesoros indiscretos". (7) ¿Qué tesoro indiscreto ocultarías en algún lugar secreto?

—No sé... (risas) El sentido de indiscreción en la infancia es distinto al de ahora. Cuando yo hablaba de tesoros indiscretos me refería a las cosas que atesoran los chicos sin que sepan los adultos y que no tienen que ver en realidad con la indiscreción. Pero sí tienen que ver con cosas muy pequeñitas que los chicos valoran y guardan como un tesoro. Yo no sé la verdad qué guardaría... en general los adultos guardamos lo más íntimo, lo que no nos animamos a compartir, tal vez porque es lo más vulnerable.

—Hay una tía encantadora paseando por algunos de tus libros: tía Niche, en El árbol de la lluvia (8), y tía Magnolia, en La rama de azúcar (9). Las dos esconden historias, aman a los chicos y son queridas enormemente por ellos. ¿De dónde surge este personaje tan entrañable?

—No sé ahora, pero en la época de mi infancia los tíos eran una figura muy importante. Te digo que no sé ahora porque en Neuquén estamos casi todos venidos desde otro lugar y muchas veces no tenemos la familia biológica cerca. Creo que la figura de los tíos, de la misma manera que la de los abuelos, es una figura que se relaciona con los chicos de otra manera. Con más libertades, con más complicidades que la que los vincula con los padres. De pronto son figuras muy importantes para los chicos y muy deseables también. Nosotros acá en Neuquén lo suplimos con la figura de los amigos, que se convierten en "tíos", porque no hemos tenido la suerte de tener a toda nuestra familia cerca. Pero en mi experiencia la figura de los tíos fue sin duda sumamente importante.

—¿Cuáles son tus futuros proyectos?

—Tengo bastante material para publicar, así que los proyectos pasan por editar algunas cosas que ya tengo y que quiero especialmente. Tengo un personaje muy pequeño, de tres o cuatro años, que está escribiendo historias desde hace un tiempo largo —ahora, desde mi experiencia de abuela, estoy agregando algunas cosas— y estamos proyectando de qué manera hacerlo llegar editorialmente. Ése sería un proyecto. Por otro lado, tengo mucho material de poesía para armar en libros alrededor de determinados núcleos temáticos y tengo además una novela para adultos que está buscando un espacio. También tengo material escrito y armado sobre mitos, al que todavía no le encuentro la configuración editorial. Mitos populares como pueden ser el lobizón, la casa embrujada, la aparecida. Mi especial delirio tiene que ver sobre todo con aquello que no se termina de explicar —la llorona, por ejemplo, propone desde la leyenda una explicación—. El lobizón no tanto y la aparecida tampoco. Rastreé la leyenda de la aparecida en diferentes puntos y cada una tiene una historia. Tengo alrededor de seis, siete temas ya desarrollados, escritos como textos poéticos, y me faltan otros tantos y, además, la idea de cómo presentarlos. Está pensado para chicos adolescentes.

—Y por último, si tuvieras que elegir tres palabras con las cuales definir tu obra, ¿cuáles elegirías?

—Yo la definiría más por lo que no es... Diría que no es demasiado comercial, porque no es mi búsqueda. No es simple tampoco... (risas). Es uno de mis costados de más compensación; además de los afectos, esto de mi profesión es lo que más me compensa afectivamente. Ya sea por el retorno que tengo de mis lectores como por el placer que me da escribir. Creo que tiene que ver con una manera de vivir, de plantarse ante la vida.


Notas de Imaginaria

(1) Ramos, María Cristina. Un sol para tu sombrero. Ilustraciones de Liliana Menéndez. Buenos Aires, Editorial Libros del Quirquincho, 1988. Colección Serie Blanca.

Este libro se reeditó —con ilustraciones de Raúl Fortín— en Sudamericana (Buenos Aires, 1999. Colección Los Caminadores).

(2) Ramos, María Cristina. Maíces de silencio. Ilustraciones de Carlos Alberto Juárez. Neuquén, Argentina, Editorial Ruedamares, 2002. Colección Caballo de mar.

(3) Ramos, María Cristina. Ruedamares, pirata de la mar bravía. Ilustraciones de Ivar Da Coll. Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1997. Colección Torre de Papel, serie Torre Azul.

(4) Ramos, María Cristina. Un bosque en cada esquina. Ilustraciones de María Cristina Brusca. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. Colección El ombligo. / Del amor nacen los ríos. Ilustraciones de Mónica Weiss. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1998. Colección Cuentamérica. / Azul La cordillera. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1995. Colección Novela.

(5) Ramos, María Cristina. La secreta sílaba del beso. Ilustraciones de Carlos Alberto Juárez. Neuquén, Argentina, Editorial Ruedamares, 2003. Colección Pleamar.

(6) Ramos, María Cristina. Cuentos de la buena suerte. Ilustraciones de Diego Bianchi. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1991. Colección Infantil; Serie Naranja.

(7) La segunda edición del libro (en Sudamericana) reproduce solo un fragmento de la poesía "Dedicatoria". En el artículo "Ocho dedicatorias", publicado en Imaginaria, se puede leer el texto completo, correspondiente a la primera edición en Libros del Quirquincho.

(8) Ramos, María Cristina. El árbol de la lluvia. Ilustraciones de Alejandra Taubin. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1993. Colección Infantil; Serie Naranja. (Reedición: Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1997; con ilustraciones de Elena Hadida.)

(9) Ramos, María Cristina. La rama de azúcar. Ilustraciones de Sandra Lavandeira. Buenos Aires, Editorial Santillana, 2004. Colección Leer es genial; Serie Unos y otros.


Foto de Fabiana MargolisFabiana Margolis (fabimargolis@hotmail.com) es Profesora y Licenciada en Letras, egresada de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Formó parte del GETEA (Grupo de Estudios de Teatro Argentino e Iberoamericano) donde realizó trabajos de crítica e investigación sobre teatro infantil. Es autora de Sueños con gusto a frutilla (Quito, Libresa, 2004), novela recomendada por el Jurado del Concurso Internacional de Literatura Infantil "Julio C. Coba" y, con el cuento "Te espero abajo, tiburón", obtuvo un Segundo Premio en el Concurso Internacional de Cuentos para Niños de Imaginaria y EducaRed. Por su cuento "Piedra libre para la sombra" recibió una mención en el Concurso de Literatura Infantil organizado por la Biblioteca Pajarita de Papel. Actualmente colabora con Imaginaria, escribiendo reseñas y entrevistando a reconocidos autores del campo de la literatura infantil y juvenil. Además, realiza críticas y comentarios literarios para la revista española Educación y Biblioteca.


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